
Hay una pregunta que el futbol mexicano lleva años esquivando: ¿qué tan competitiva es realmente nuestra liga?
No hablo solamente de tener buenos jugadores, estadios llenos o equipos con grandes presupuestos. Hablo de algo mucho más básico: ¿qué tan importante es competir cada partido cuando está en juego el futuro de un club?
Y aquí aparece uno de los grandes contrastes entre la Liga MX y algunas de las principales ligas del mundo: el ascenso y el descenso.
En México, para la temporada 2026-2027, la Liga MX confirmó que los clubes de Primera División no descenderán a Expansión MX y que los equipos de Expansión tampoco podrán ascender. Es decir, por ahora, la puerta entre ambas categorías permanece cerrada.
En Inglaterra sucede prácticamente lo contrario.
En la Premier League, los tres últimos equipos descienden al Championship y tres clubes ocupan sus lugares en la siguiente temporada. Cada partido de la parte baja de la tabla puede significar millones de libras de diferencia y, sobre todo, la permanencia en la máxima categoría.
En España ocurre algo similar. Los tres últimos de LaLiga descienden directamente a Segunda División, mientras que dos equipos de Segunda ascienden de manera directa y un tercero obtiene el ascenso mediante un playoff.
Alemania tiene incluso una fórmula particular: dos equipos ascienden y descienden directamente entre Bundesliga y Bundesliga 2, mientras que el tercer lugar se define mediante una serie de promoción-relegación entre el antepenúltimo de Primera y el tercero de Segunda.
Entonces viene la pregunta incómoda:
¿Qué genera más competencia: una liga donde puedes perder la categoría o una donde sabes que, pase lo que pase deportivamente, seguirás en Primera?
El ascenso y descenso no son una garantía automática de que una liga será mejor. Pero sí generan algo fundamental: consecuencias deportivas.
Un equipo que pelea por el campeonato tiene un objetivo.
Uno que pelea por puestos internacionales tiene otro.
Y uno que está cerca del fondo tiene una razón enorme para luchar hasta la última jornada.
En México, durante los últimos años, la discusión se ha concentrado mucho en el espectáculo: formatos, playoffs, cantidad de partidos, televisión, fichajes y nuevas competencias.
Pero quizá también deberíamos hablar de mérito deportivo.
Porque el futbol tiene algo que otros deportes no siempre tienen: la posibilidad de que un club pequeño pueda llegar a enfrentarse con los grandes y, si hace las cosas bien, alcanzar la máxima categoría.
Eso es parte de la magia del futbol.
Un equipo puede comenzar abajo, construir un proyecto, formar jugadores, encontrar una identidad y competir por llegar a Primera.
Y al mismo tiempo, un equipo grande puede atravesar una mala temporada y tener que responder ante sus aficionados.
En una liga abierta, la historia no está completamente escrita.
En México, ese camino está actualmente interrumpido.
La propia discusión ha llegado incluso al ámbito legislativo. En septiembre de 2026 se presentó en el Senado una propuesta para buscar el restablecimiento del ascenso y descenso, en medio de un debate que también involucra las condiciones financieras y de infraestructura que deben cumplir los clubes de categorías inferiores.
Y aquí está el punto que considero más importante.
No se trata simplemente de copiar a Inglaterra, España o Alemania.
México tiene una realidad económica, geográfica y deportiva diferente. Si se quiere recuperar el ascenso y descenso, también tendría que existir una Segunda División financieramente sólida, con estadios adecuados, estructuras profesionales, fuerzas básicas y condiciones claras para competir.
Pero si queremos hablar de competitividad, vale la pena hacernos la pregunta.
Porque una liga competitiva no solamente necesita grandes equipos.
Necesita grandes incentivos para competir.
Necesita que un club pueda subir.
Necesita que otro pueda bajar.
Necesita que una temporada pueda cambiar el destino de una institución.
Y necesita que el aficionado sienta que cada jornada puede significar algo.
El futbol mexicano tiene talento, afición, infraestructura y dinero.
La discusión ahora es si también tiene un sistema capaz de convertir todo eso en una competencia verdaderamente abierta.
Yo soy El Fan.
Y este debate apenas comienza
